Warren Zaïre-Emery 🇫🇷 2006

El hecho de que un jugador de corta edad destaque jugando contra gente varios años por encima es una buena señal para reconocer el talento. No es el único, claro, existen muchos otros factores a tener en cuenta. Uno de ellos es saber intuir y extrapolar su rendimiento al profesionalismo antes de comprobarlo empíricamente, o si tiene margen de mejora en algún aspecto. El caso de Warren Zaïre-Emery (Montreuil, 2006) es muy complicado de encontrar, tal y como ha ocurrido con Gavi, por ejemplo. Su rendimiento en la UEFA Youth League ha tenido un impacto tremendo. Ha sido el mediocentro que potencial ha demostrado en el torneo. Indiscutible en los onces, pieza clave en el sub-19 del PSG y mostrándose muy sobrado con solamente 15 años. Aún deberá demostrar, como el prodigioso jugador culé, si su nivel se puede adaptar directamente a la primera división francesa o necesita algo más de tiempo. Sin embargo, lo que es seguro es que estamos ante una rara avis a la que hay que seguir con muchísima atención desde ya.

compostura y sangre fría

Warren Zaïre-Emery es un pivote todoterreno, un jugador que parte por delante de los centrales y que les ofrece siempre un apoyo cercano en salida de balón, pero que cuando el equipo se establece en la fase ofensiva se convierte muchas veces en un segundo volante capaz de conducir hacia adelante, llegar al área y presionar alto en caso de pérdida cercana. En definitiva, posee la mayoría de atributos que un centrocampista debe tener. Su principal virtud reside en la compostura, la cual se refiere a cosas tales como la armonía de sus movimientos bajo presión o la limpieza técnica de sus acciones. Actúa prácticamente igual cuando le aprietan o cuando no. No le altera en exceso tener a uno o dos rivales cerca, lo que le convierte siempre en un jugador al que poder buscar cuando las cosas se complican. Sus principales virtudes se basan en proteger y asegurar la posesión, sea cual sea la circunstancia. Sabe distribuir fácil a 1 ó 2 toques cuando recibe de espaldas, tiende a tomar buenas decisiones y sabe utilizar bien el cuerpo para esconder el balón en caso de necesitarlo.

Sea por delante de la línea defensiva, lateralizando o, en menor medida, entre centrales, Zaïre-Emery siempre es una solución para progresar con limpieza. Su versatilidad, además, le permite cumplir distintos roles a lo largo de un mismo partido y compartir centro del campo con distintos perfiles. Puede complementar bien a cualquiera, en un momento dado. Para ejemplificarlo mejor, un jugador que comparte virtudes con él es Declan Rice, sin llegar a su nivel de liderazgo (visible, al menos) todavía.

Equilibrio defensivo: estabilidad y potencia

En ocasiones, los jóvenes destacan por tener un físico muy por encima de los de su edad. En estos casos, hay que coger con pinzas el potencial de aquel que lo base todo en esta superioridad. El canterano del PSG destaca en este apartado, pero lo hace de forma inesperada y ya contra chicos varios años por encima. No es mucho más alto que la media (ronda los 180 centímetros) y seguramente aún deba pulir algunos aspectos de cara a su futuro salto a la élite, pero sí gana por fuerza y por estabilidad. Es difícil ganarle un cuerpo a cuerpo, sea en estático o -lo que es más sorprendente, en carrera. Además, tiene un tren inferior bastante impactante. No debe engañar su personalidad futbolística, aparentemente tranquila, a la hora de valorar su capacidad física: cuando arranca y esprinta, suele llegar a donde debe, sea hacia adelante o hacia detrás. Sean posibles desmarques de ruptura entre central y lateral o retornos defensivos, normalmente llega, y si llega, mete la pierna con un timing fantástico para robar eludiendo la falta. También es muy limpio en ese aspecto.

Toda esta conjunción de virtudes le convierten en un defensor que da una sensación de suficiencia enorme, con la tranquilidad que suele generar eso a los compañeros que le rodean. Algo similar a lo que ocurre con Jules Koundé. Y es que no sólo es técnicamente un buen pasador o conductor, sino que también roba, anticipa e intercepta con calidad.

Hablamos, pues, de un centrocampista maduro y muy completo de 16 años recién cumplidos, con muchas virtudes y pocos defectos visibles. No debería tardar en aparecer en la órbita del primer equipo del PSG, al menos en la próxima pretemporada, como hiciese hace un tiempo El Chadaille Bitshiabu. Su UEFA Youth League ha hecho tanto ruido que ya ha atraído el interés del Bayern, un club en el que, sin duda, encajaría como anillo al dedo, vista la poca confianza que suele darle el conjunto parisino a su cantera.

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